SEPTIEMBRE 28 DE 2026
´´LAS COSAS QUE NOS SUCEDEN´´-Cuento-
En una de esas tertulias que solíamos hacer durante los descansos a nuestras horas de estudio sobre vivencias que nos sucedían sin querer, cada quien exponía con la seriedad o jocosidad del caso, alguna de sus historias, aventuras o vivencias que le hubiesen ocurrido.,
Después de escuchar varios relatos, me correspondió el turno el cual inicié trayendo a colación la situación que hacía varios días me había sucedido.
Me encontraba de compras en un almacén de cadena de la ciudad de Bogotá y para ser mas exacto en el almacén Éxito de la calle 170, sitio en donde estuve curioseando cada sección en busca de lo que tenía que comprar.
Había compradores por doquier, lo que hacía que las cajas de pago estuviesen congestionadas.
Con la canastilla en mano llena con los productos comprados, me dirigí a una de las cajas en donde haciendo normalmente la fila, me dispuse a pagar.
Todo iba normal hasta que apareció un personaje del cuerpo de vigilancia y seguridad del supermercado acompañado de una señora de la tercera edad pero muy bien posesionada
de su elegante figura, quien, dirigiéndose a mi fila, me señaló con su dedo índice.
El guardia me solicitó que lo acompañara, cosa que me extrañó.
Al preguntarle el motivo de su requerimiento hacia mí, me respondió que la señora le había dicho que yo le había sustraído un dinero de su cartera cuando ella se encontraba comprando precisamente en la sección en donde yo también me encontraba mercando.
El guardia me solicitó una requisa, situación a la cual yo me opuse, diciéndole que esa señora estaba equivocada y que ocurriera lo que ocurriese, yo no me iba a dejar poner un dedo encima por parte de él.
La gente se iba arremolinando alrededor de nosotros para observar el desenlace de la acusación.
Yo le insistía a la señora que ella estaba equivocada y ella insistía en que yo era el ladrón.
Señora -le dije- por favor no me perjudique que yo no tengo nada que ver con su problema
Ella no accedía a la petición sobre mi inocencia y seguía insistiendo en que yo era el responsable de su pérdida, porque según sus palabras yo me encontraba detrás de ella cuando se dio cuenta de que su dinero había desaparecido, pues al sacar el celular para contestarlo notó la falta.
Señora, revise su cartera - le solicité otra vez - al insistir el vigilante de nuevo, en hacerme una requisa.
Qué pasaría si ustedes están equivocados ante este escándalo que me están haciendo –les pregunté, pregunta que no tuvo respuesta.
Ya un poco aireado, ante este incidente, le dije al guardia, vea amigo, acabemos de una con este problema, por favor llamé a la policía, porque le repito, yo de usted no me voy a dejar requisar.
Imagínense la situación, todo el mundo observando a uno como un malhechor sin forma de demostrar su inocencia.
Al poco tiempo apareció la patrulla policial encargada de solucionar el problema. Cada quien dio su respectiva explicación.
Un agente de policía me solicitó muy respetuosamente que le permitiera una requisa, petición ante la cual le respondí, agente por mí no hay ningún problema para la requisa, pero porqué no le exigen a la señora de que revise su bolso, pues con la cantidad de maricadas que cargan las mujeres en sus bolsos, hay veces que se les dificulta encontrar algo en ellos
Tiene usted razón - me dijo el agente – déjese yo hablo con la señora quien ante la solicitud del agente accedió a revisar su bolso.
Después de sacar delante de los agentes el contenido de su bolso entre ellos , papeles, cosméticos, novenas, monedero ,celular, perfume, notó que el dinero estaba refundido entre una libreta.
Al darme cuenta de la aparición del dinero le dije al agente, si ve la razón por la cual no me dejaba requisar.
Y ahora que va a pasar porque yo no me pienso mamar este escándalo así porque así.
A los compañeros a quienes les estaba contando esta vivencia, se limitaban en preguntar Y vos que hiciste, Otros decían vieja desconsiderada, mirá que escándalo tan verraco te ganaste. Y así todos mis condiscípulos daban su aireada reacción..
Al quedar demostrada mi inocencia, los agentes me indicaron que me pusiera de acuerdo con la señora para que concretáramos algo y así dar por terminado el impasse.
Al preguntarle yo a la señora de que cómo pensaba subsanarme ese atropello contra mi honra, me contestó toda apenada , señor que pena con usted, pero esa no era mi intención ni perjudicarlo, ni hacerle un escándalo, sólo quería que mi plata apareciera. Ah no era su intención, pero mire ya fue un hecho, yo aquí en la palestra posando como un mísero ladrón delante de toda esta gente ante el bochornoso espectáculo que usted me armó, así que ahora se van a invertir los papeles y con el respeto que usted me merece por su edad, el escándalo se lo voy yo hacer a usted porque esto no puede quedarse así.
La señora toda confundida me pedía el favor de que no fuera a hacerle ningún escándalo que se pusieran de acuerdo, que si había que resarcir la ofensa económicamente, ella estaba dispuesta a hacerlo.
Al decirme esto, dije para mis adentros, ahora si llegó mi desquite, esta pobre señore se va a acordar de mi toda la vida .
Mientras tanto, la policía estaba interesada en que el problema se solucionara lo más pronto posible pues el tumulto de personas se iba acrecentando para observar el desenlace.
Le pregunté al vigilante si había un sitio más privado para hablar con la señora pues esa cantidad de gente era un tanto molesta tanto para ella como para mí.
Caminando en compañía del guardia y los agentes, la señora y yo nos dirigimos a un sitio mas privado. Durante el trayecto la señora me propuso que ella me daba algún dinero para que las cosas terminaran bien.
Para no ser abusivo con ella , pero eso sí, para que pagara su falsa acusación, le pregunté que cuanto estaba dispuesto a darme para que todo quedara resuelto.
Ella me contestó que ahí tenía disponibles 300 mil pesos los cuales le puedo dar para que las cosas se solucionen.
300 mil -me pregunté - la maldad está hecha.
Listo, señora, deme el dinero y acabemos con esto de una.
Sacando de su cartera , contó lo ofrecido disponiéndose a entregármelos. Cuando se disponía a hacerlo y yo estiré mi mano para recibírselos, escuché la voz de mi esposa quien me llamaba porque ya era hora de irme a trabajar. Me desperté riéndome cosa que le llamó la atención a mi esposa a quien después de contarle lo sucedido, rio parejo conmigo.
Mis compañeros quienes le habían puesto toda la atención a la experiencia quedaron un poco traumatizados ante el inesperado final.
Ah….. si todos los sueños se cumplieran…ja, ja , ja.
Javier Londoño O.
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