El profesor Jorge Picón habló sobre el Festival Pirarucú de Oro, la inversión pública, la formación de músicos y el impacto cultural y económico del evento en la región.
“El reto no es solamente cuánto se invierte, sino qué queda para la cultura y los músicos de la región”
Leticia, Amazonas. El Festival Pirarucú de Oro, uno de los principales escenarios de la música amazónica, vuelve a estar en el centro del debate cultural de Leticia. En entrevista, el profesor Jorge Picón presentó un análisis sobre la inversión realizada en los últimos años, pero, principalmente, sobre el impacto que estos recursos deberían generar en los músicos, la formación artística, la memoria cultural y la identidad musical de la región.
Picón considera que el festival ha experimentado un crecimiento importante en materia presupuestal, pero plantea la necesidad de preguntarse qué resultados concretos quedan después de cada edición.
A continuación, presentamos la entrevista organizada por temas.
¿Por qué considera importante analizar la inversión del Festival Pirarucú de Oro?
Jorge Picón: Hay un esfuerzo ambicioso por aumentar las cifras de inversión y eso hay que reconocerlo. Pero estamos haciendo investigación cultural y no solamente nos interesa conectarnos con las cifras. Nos interesa profundamente conocer los impactos.
El tema no es cuánto cuesta hacer un festival. Hay festivales en el país que cuestan muchísimo más. Por ejemplo, el Festival de San Pedro en el Huila puede representar inversiones de alrededor de 5.000 millones de pesos.
La pregunta realmente importante es: ¿qué deja esa inversión para quienes participan, para los músicos y para la cultura regional?
¿Qué cifras ha encontrado en el análisis de los últimos años?
En las cifras que hemos podido revisar encontramos aproximadamente 3.000 millones de pesos en 2023, 469 millones en 2024 y 1.431 millones en 2025.
En el caso de 2025, que es el año que estoy tomando como referencia, los recursos se distribuyeron en diferentes rubros: servicios artísticos, jurados, alquileres, estímulos culturales, producción,
publicidad, transporte, alojamiento, alimentación, vestuario, diseño escenográfico y otros componentes logísticos.
Por ejemplo, para grupos nacionales se destinaron aproximadamente 295 millones de pesos, mientras que los grupos regionales recibieron alrededor de 68 millones.
Yo creo que ahí hay una discusión que debemos abrir. No significa que no debamos traer agrupaciones nacionales. Claro que sí. Pero también tenemos muchos grupos regionales organizados, con propuestas importantes, que merecen tener una mayor participación en las tarimas del festival.
ntonces, ¿el problema no está necesariamente en cuánto cuesta el festival?
Exactamente. El problema no es la cifra por sí sola. Quienes conocen la logística de un evento de esta magnitud saben que hay costos importantes: artistas, sonido, producción, jurados, transporte, alojamiento, alimentación y toda la organización.
El verdadero análisis debe ser qué impacto deja esa inversión.
Si después de gastar más de 1.400 millones de pesos el festival termina y no queda una memoria organizada, no quedan producciones musicales, no se fortalece el músico regional y las canciones ganadoras dejan de sonar, tenemos que preguntarnos qué estamos construyendo.
Memoria: ¿qué queda de casi cuatro décadas de festival?
Uno de los grandes vacíos que encuentro es la memoria cultural.
Si yo voy hoy a la Secretaría de Cultura y pregunto cuáles fueron las canciones ganadoras durante las diferentes ediciones del festival, debería existir un archivo completo que nos permita saber quién ganó, con qué canción, quién la compuso, quién la interpretó y qué pasó posteriormente con esa obra.
Eso es historia.
El festival tiene una trayectoria de décadas y esa historia no puede desaparecer. Necesitamos una biblioteca, un archivo sonoro, audiovisual y documental del Pirarucú de Oro.
Hay esfuerzos importantes de personas que han venido registrando parte de esa historia, pero debería existir un proceso institucional permanente.
¿Y qué pasa con las canciones después de que termina el festival?
Ese es otro gran vacío: la difusión.
Llega a ser paradójico que un medio de comunicación quiera poner a sonar música regional y pregunte: ¿dónde está la música?
Las canciones participan en el festival, algunas ganan, reciben un reconocimiento y, después de unos días, dejan de sonar.
Entonces uno pregunta: ¿cuál fue la canción ganadora del año pasado? Muchas personas probablemente no lo recuerdan.
Hay canciones maravillosas que deberían seguir circulando.
Por ejemplo, hay un tema de Yerid Pineda que cuando lo escuché pensé: este tema debería sonar permanentemente porque identifica nuestra región. Sin embargo, después del festival prácticamente desapareció de la programación.
¿Qué papel deberían cumplir los medios de comunicación?
Los medios podemos aportar muchísimo, pero también debe existir un liderazgo desde las administraciones culturales.
La Secretaría de Cultura podría convocar a las emisoras y decirles: tenemos una campaña de identidad musical regional y queremos que ustedes participen.
Incluso se podrían establecer estrategias de programación: por cada determinado número de canciones nacionales, incluir una canción regional.
Eso es perfectamente programable.
Los medios tienen sus parrillas y pueden incorporar esos contenidos. Hace años nosotros mismos abríamos nuestra programación con una canción regional. Era una iniciativa personal para incentivar la música amazónica.
Pero si no existe una política cultural que acompañe y lidere estos procesos, terminan dependiendo de esfuerzos individuales.
¿Hay actualmente producción musical regional?
Sí, y bastante.
Hay esfuerzos muy interesantes. Juan Carlos Agudelo, por ejemplo, ha realizado producciones y homenajes al Amazonas recuperando canciones que prácticamente estaban perdiéndose de nuestra memoria musical.
También está el trabajo de Miguel Morán con nuevos músicos.
Tenemos composiciones de Yerid Pineda, Fernando Picón y Hugo Velasco, entre otros.
Hay una producción importante, pero necesitamos que esa producción se vea, se escuche y circule.
¿Hay alguna canción que ejemplifique ese potencial?
Sí. Hay una propuesta que me parece muy interesante: “Pirarucú en Salsa”, de Amia.
Es una composición que toma un elemento tan representativo de nuestra región como el pirarucú y lo lleva a los ritmos de la salsa.
Es un tema que tiene una connotación cultural y gastronómica muy interesante, pero la pregunta es: ¿cuántas personas lo conocen?
Ese es precisamente el problema. Tenemos obras relacionadas directamente con nuestra identidad y no estamos promoviendo suficientemente esas iniciativas.
Investigación: el festival no debería terminar cuando termina el evento
Hay un tercer componente que considero fundamental: la investigación.
Cada festival debería abrir nuevos análisis y nuevas líneas de investigación.
Tenemos que estudiar qué están proponiendo nuestros músicos, qué temas están abordando, cómo están evolucionando sus composiciones y hacia dónde está tomando rumbo nuestra música regional.
El festival no puede comenzar y terminar con el evento.
Cada edición debería generar nuevas preguntas y nuevos procesos de investigación cultura
El gran reto: recuperar el semillero musical
Otro tema que me preocupa muchísimo es el semillero.
Hace aproximadamente diez años podíamos encontrar alrededor de 15 niños participando en determinadas categorías. En el último festival vimos apenas dos o tres participantes infantiles y juveniles.
Entonces tenemos que preguntarnos: ¿qué está pasando? ¿Por qué nuestros niños están perdiendo el interés en participar, componer y cantar?
Y aquí quiero destacar una experiencia reciente: Amazonas Canta.
Allí participaron más de 200 niños y jóvenes. Eso demuestra que sí existe talento, interés y ganas.
Los niños tienen carisma, tienen disposición y pierden el miedo cuando suben al escenario. Puede que existan dificultades técnicas, especialmente en la parte vocal, pero eso se puede trabajar.
Ahí es donde debe existir un proceso de formación.
La formación no puede hacerse tres días antes del festival
En 2025 se destinaron alrededor de 50 millones de pesos para talleres de formación, producción musical, educación vocal y otros temas.
Eso es positivo.
Pero tenemos que revisar cuándo se hacen esos talleres.
Si hacemos un taller de composición o producción musical en noviembre y el festival es en diciembre, cuando ya cerraron las inscripciones, estamos perdiendo buena parte del potencial de ese proceso.
La formación debería comenzar en enero, con un calendario durante todo el año.
Que el músico tenga tiempo de aprender, practicar, equivocarse, volver a intentar y llegar al festival con un proceso mucho más sólido.
¿Qué debería ocurrir con las canciones ganadoras?
Un músico que gana un festival recibe un estímulo muy importante. Pero no debería terminar ahí.
¿Por qué no pensar que el ganador reciba también apoyo para realizar una producción musical profesional, un videoclip o una estrategia de difusión?
Que exista un producto.
Que esa canción pueda llegar a las emisoras, a las plataformas digitales y a las nuevas generaciones.
Porque si una persona gana el festival y su canción desaparece una semana después, perdimos una oportunidad enorme.
¿Qué metas debería tener el festival a futuro?
Tenemos que comenzar a plantearnos metas a tres años.
Preguntarnos:
¿qué queremos que el Pirarucú de Oro haya construido dentro de tres años?
¿Una memoria musical completa?
¿Un archivo digital?
¿Un catálogo de compositores?
¿Un programa permanente de formación?
¿Qué propone frente a la participación de artistas regionales?
Creo que debemos buscar un mayor equilibrio.
En 2025 se destinaron aproximadamente 295 millones de pesos para grupos nacionales, frente a unos 68 millones para grupos regionales.
No estoy diciendo que eliminemos los artistas nacionales. No.
Pero sí podemos preguntarnos si una parte mayor de esos recursos puede fortalecer a nuestros músicos.
Tenemos agrupaciones regionales muy organizadas y con propuestas que merecen estar en el escenario principal.
Hay que aumentar la participación regional.
¿Mayor participación regional?
¿Producciones de los ganadores?
¿Una estrategia de difusión en los medios?
Eso debe quedar definido.
Un llamado a la comunidad
Por eso quiero invitar a toda la comunidad leticiana a participar en la socialización que realizaremos en la maloca Caraná, de los hermanos Fajardo, por la vía al aeropuerto, a las 6:00 de la tarde.
Vamos a presentar con mayor profundidad las cifras de inversión del festival, pero sobre todo queremos hablar de los impactos.
Quiero que los actores musicales conozcan estos datos y se apropien de ellos.
Que puedan decirle a la administración: estos recursos deberían tener estas características; necesitamos más formación, más producción, más difusión, más participación regional.
Porque finalmente estamos hablando de nuestra identidad musical.
Una reflexión final
El Pirarucú de Oro no debería ser solamente un evento que ocurre durante unos días y luego desaparece.
Debe ser un proceso permanente de formación, creación, investigación, memoria, difusión y promoción de la música amazónica.
Tenemos talento. Tenemos compositores. Tenemos niños y jóvenes interesados. Tenemos canciones que hablan de nuestra región.
Lo que necesitamos es construir un sistema que permita que todo ese trabajo no se pierda después de que termina el festival.
La pregunta no es solamente cuánto invertimos. La pregunta es qué estamos construyendo con esa inversión y qué vamos a dejarle a las próximas generaciones.
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