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Sat, 08/08/2020 - 21:38

Aniversario 35 del accidente aéreo ocurrido en el Amazonas el 24 de julio de 1985

Julio 31 de 2020
“Acontecimientos que lo ponen a uno a pensar”
Para dar por concluido el homenaje que con motivo del 35 aniversario del accidente aéreo ocurrido en el Amazonas el 24 de julio de 1985, evocaré algunas anécdotas, hechos casuales o acontecimientos que de una u otra manera tuvieron que ver con algunos de los personajes fallecidos en ese funesto día.

La primera tiene que ver con mi gran amigo Alberto Orrego uno de los fallecidos, pionero, guía y fundador de una empresa de turismo en la región. Amigo de ideas controversiales, con ideas liberales del hipismo, quien en noches de luna llena en Leticia, se pasaba remando a la otra orilla (lado peruano) del rio Amazonas a tomar vino, fumar algo que lo trasportara a otras galaxias y según él, a cavilar sobre la vida. Este personaje era casado y desde el día que su esposa quedó embarazada de su primera hija, los que supimos y conociendo de sus ideas y pensamientos raros le preguntábamos que con que nombre iban a bautizar el hijo (a) que naciera pregunta ante la cual respondía: hombre, lo que hay en esa barriga es una personita, de manera que lo que nazca se llamará así. Efectivamente le nació una hermosa niña a quien bautizó con el nombre de “Persona Orrego” nombre por el cual su portadora fue fruto de traumatismo que finalizó el día en que se cambió el nombre por otro más compatible con su belleza.

Otro acontecimiento digno de mencionar fue el sucedido con mi amigo Francisco del Rosario Vela regionalmente conocido como “Pacho Vela”, adulto mayor, profesor, escultor y pintor quien viajaba precisamente en ese día en el avión a Bogotá en una misión oficial a pintar un mural en las nuevas instalaciones del edificio del Departamento de Intendencias y comisarias “Dainco” siendo otra víctima del accidente. Dos días antes del viaje en un acto inusual, paso por donde sus familiares a despedirse e inclusive pasó por donde un sacerdote amigo, el Padre Fondevila a pedirle la bendición. Lo más sorprendente y como un hecho premonitorio al viaje, fue el poema que le dejó a su esposa antes de viajar, el cual rescaté de su esposa para dejarlo como una prueba fehaciente de esta premonición. El poema textualmente dice así:

Si sabes que te quiero
que extraño tus caricias
que por tu amor me muero
pues tú eres mis delicias
recuérdame querida...recuérdame.
Que triste es la partida
cuando un amor se aleja
con el alma abatida
y en los labios una queja
recuérdame...recuérdame.
Si el alma te entristece
mi amarga despedida
mi amor te fortalece
para sanar esa herida
recuérdame ...recuérdame.
Mi adorado y tierno amor
quiero que en la soledad de tus noches
que también son mías
Me recuerdes con cariño
Añorando la dulce esperanza
de volvernos a encontrar
Recuerda con amor las horas
que muy feliz pasamos los dos
que esta separación una más nuestras vidas
con el único amor que nos juramos
un día ante Dios: por eso amada mía
siempre en tu vida recuérdame...recuérdame.
Cuando la nostalgia te deprima
al notar el vacío en la casa
no dejes que el dolor te consuma
sé fuerte que esto pasa
recuérdame....recuérdame.
Se bien que me quieres
no llores por favor no llores
pues con tu llanto hieres
la verdad de mis amores
recuérdame.....recuérdame.
Adiós mi vida, adiós
me voy con el alma entristecida
pues bien lo sabe Dios
por eso mi amor sólo te pido,
recuérdame… recuérdame.
Y el otro caso se refiere a que estando todos mis familiares y yo reunidos el día del accidente despidiendo y departiendo en una mesa del aeropuerto en compañía de mi fallecida hermana esperando el arribo del avión que la trasladaría a Bogotá, se acercó un conocido del que no recuerdo su nombre a pedirme el favor de que como yo tenía tanta influencia que por favor tratara de conseguirle un cupo en el en el despacho de Avianca para viajar en el vuelo que llegaba. Dejándome el tiquete le dije que pasara más tarde que yo le hacia el favor.
Al poco rato trate de hacer la diligencia pero al ver el amotinamiento y despelote de pasajeros en el despacho de Avianca todos queriendo viajar, desistí en hacerle el favor y más bien me fui a hacer tiempo en la cafetería en donde me tome una cerveza.

Volví a la mesa a seguir compartiendo con mi gente. Minutos más tarde se acercó de nuevo el amigo al que le manifesté que fue imposible conseguirle el cupo. Agradeciéndome la buena intención, la negligencia mía diría yo, se retiró diciéndome “otra vez será”. Horas más tarde cuando supo de la caída del avión me buscó por todo el aeropuerto. Cuando me encontró, abrazándome lloraba de alegría dándome las gracias por no haberle conseguido el cupo razón por la cual estaba vivo. Qué hubiera pensado o dicho si le hubiera dicho que por una mentira mía o mejor por mi negligencia en hacerle el favor, él estaba vivo? Estas son las cosas de la vida que lo ponen a pensar.
Jalón

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